La
práctica de ayer fue todo un reto con calor húmedo ya desde primera
hora y yo sudando en cantidad para tratar de compensar y así ir
refrescando el cuerpo. Como resultado: malestar, desgaste energético,
fatiga y cansancio, sobre todo mental. Todo ello por la dificultad de
mantener el ritmo de la respiración y, a ratos, la cadencia de los
movimientos ya a partir de las Parsvakonasanas.
Así que eso
también es práctica, la otra cara de la práctica. Se supone que hay que
agradecer por igual los días malos y los días buenos. Se supone que
aprendes más de un día como éste que en un día en el cual todo fluye
como si nada y casi no aprecias lo que estás haciendo. También se supone
que uno debería estar relativamente preparado para estos sucesos.
Pero,
¿qué recuerdo me llevaré de este día? Puede que algo que me incomode
mucho y seguramente que me hace reflexionar en que, por falta de
humildad, todo lo que he hecho hasta ahora de poco me vale para afrontar
una situación medianamente molesta y fastidiosa.
En definitiva
este día malo se me va a quedar impreso por su cruda enseñanza y,
perdonadme la jactancia (pero, ¿no hablaba yo de humildad unas líneas
más arriba?), por el valor de haber llegado hasta el final.
(Quería
poner una foto post-práctica de mi camiseta, pero me da asco incluso a
mí... así que esta foto aleatoria de rendición me parece más adecuada)
Comments
Post a Comment