La paciencia de un santo


A pesar de todo el empeño que pongo en la práctica, mis isquios aún no quieren estirarse decentemente y a menudo duelen en su inserción superior; además mi espalda a veces sigue estando redonda. No veo, yo por lo menos, que haya habido cambios significativos en esos dos aspectos.

Las principales mejoras las he notado en las caderas y en los hombros; bueno y también en la sección dorsal de la espalda en cuanto a torsión.

Claro que durante este año ha mejorado también la fuerza de brazos y piernas, pero tampoco es para tirar cohetes.

Quizá esté exigiéndole demasiado a mi cuerpo a estas alturas. Habrá que echarle un poco más de paciencia y confiar en él.

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