El espejo roto: nada es nunca lo que parece (Nothing is ever what it seems)
¿Qué haré al final del túnel de esta lesión? No sé: no consigo verme, ni quiero hacerlo.
Dicen
que la práctica de Ashtanga, pero en realidad yo diría que cualquier
actividad que nos exija tanto compromiso a nivel físico y mental, es un
espejo de lo que somos, de cómo nos encontramos y de cómo reaccionamos a
lo que nos acontece. En definitiva, un espejo de nuestra actitud frente
a la vida.
Pues, en parte será cierto, pero sólo hasta un umbral
bien definido. No es una verdad absoluta (¿acaso las hay?), por el
simple hecho de que no somos perros de Pavlov, no funcionamos únicamente
a base de mecanismos de respuesta automáticos. Tenemos y ejercemos
prioridades incluso en las reacciones y comportamientos más profundos y
subconscientes.
Lo cual quiere decir que un patrón que se
manifiesta en la práctica no se corresponderá necesariamente con
patrones y pautas que expresemos en otros aspectos de nuestra vida.
Creo
que es un error garrafal, y una visión muy absolutista y de psicología
barata, considerar que se trate de un espejo fiel de nuestro ser, tal
como he escuchado más de una vez de varias personas.
Por ejemplo
en nuestra vida familiar o laboral podríamos tener un aguante y una
capacidad de sufrimiento y aceptación que no se ve reflejada para nada
en nuestra práctica, o al revés.
Me atrevería a decir que la vida
no está compuesta por un bloque único de hormigón armado o un
compartimiento estanco al cual aplicamos siempre las mismas fuerzas en
las mismas direcciones y con los mismos intentos. O, por lo menos, mi
vida no es así de monolítica.
Todo este rollo para decir que lo
que yo haga al salir de esta lesión no está predestinado o
predeterminado y no puede verse o deducirse de unos cuantos patrones
comportamentales expresados con anterioridad. Y que tampoco tiene mucho
sentido tratar de ver el futuro en ese espejo roto que tanto se asemeja a
una bola de cristal presuntamente omnisciente.
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