Importancia y papel del maestro

Halāsana

Ayer por la mañana me puse a reflexionar sobre la importancia de un maestro en la práctica de Ashtanga y cómo en mi opinión debería expresarse su presencia.

Seguramente es el que sabe cómo y cuándo hacerte avanzar (o retroceder) en tu práctica; el que sabe si intervenir y asistirte en una postura o no; el que sabe leer si estás en un día "bueno" o en uno de esos días en los que es mejor dejarte lidiar con tus cosas; y muchos otros aspectos, más o menos inmediatamente apreciables por nuestros ojos.

Por supuesto, también es obvio que lo anterior es cierto en una situación ideal. En cambio, si estás practicando en una shala junto con docenas de otras personas, ciertamente no puedes esperar tener una relación directa con el maestro. Pero en realidad no se trata de esperarse o exigir una atención constante por parte de quien está velando y cuidando de nuestra práctica, atención que de ser demasiado persistente puede resultar asfixiante y agobiante. Sin embargo, sí que hay algunas facetas que considero esenciales y cuya falta es para mí injustificable.

Por ejemplo, y limitándome aquí a un único aspecto, que esa persona muestre cierto interés en tu estado psicofísico; y no estoy hablando de empatía, sino simplemente, si queremos, de pura conveniencia por su parte. Quiero decir, no nos engañemos: el Ashtanga es caro. Si vas todos los días has de invertir entre 80 y 100 euros al mes, y ¿para qué? ¿Sólo por un espacio en "tiempo compartido", una suerte de multipropiedad donde realizar tu autopráctica, controlado de vez en cuando, y en ocasiones asistido, por quién tiene que supervisar la práctica de X personas simultáneamente? Espero que no.

Creo firmemente que la presencia de esa persona debe ir mucho más allá de estos aspectos más inmediatos e incluso de los límites físicos de la shala. Por ejemplo, se me ocurre que debería ser proactiva e interesarse por cómo estás si no puedes ir a practicar a la shala, sugerir alternativas y ofrecerte una asistencia más directa y personalizada, siempre hasta el alcance de sus competencias, si una lesión te impide practicar.

Claro que para ello es preciso que el maestro te considere su alumno y quiera tenerte como tal.

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