Y la mente no descansa
Otro día de descanso físico (y la mente qué?) ya que todavía hay momentos en los que duele tanto como para dar cabezazos contra la pared. Y, bueno, mañana es luna así que quizá dos días más sean suficientes y el miércoles pueda hacer por lo menos unos saludos al sol respirando con tranquilidad, sorteando el dolor.
Estoy dopado, cuerpo y alma: si
me hiciesen una analítica ahora tendría los valores de un ciclista
profesional en activo y de un poeta maldito del siglo XIX a la vez... No
tomaba tantas pastillas desde la lesión a la rodilla y el microdesgarro
al cuádriceps.
Si me hubiese fumado algo por lo menos estaría de
mejor humor. Estas pastillas no tienen ningún efecto secundario
agradable... pero sí te dejan el estómago y el intestino hechos polvo.
Qué bien, ¿no? Pero en cambio puedes ponerte los pantalones tú solito, y
eso es un hito.
Y así adelante, a seguir respirando hondo y
aceptando todo lo que, incluso cuando intento esquivarlo, se me cae
encima... tratando de hacer que por lo menos se resbale sin dejar ni
rastro ni olor.
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