Per aspera…
En
el transcurso de los años tanto el running como el Ashtanga me han
valido para tratar de alcanzar una suerte de meditación en movimiento,
obviamente en el sentido más amplio del término. Pero con una gran
diferencia en cuanto a la reacción de mi mente.
Cuando corría, la
mente se relajaba y podía enfocarme sobre proyectos, asuntos por
resolver, temas laborales, encontrando a menudo una solución o una idea.
Con
el Ashtanga la mente sigue relajándose (a veces), pero el resultado
para mí no ha sido un mayor enfoque, sino una cierta apatía y a veces
indiferencia. La sensación, casi física, es como de haberme ablandado
muchísimo: en otros tiempos no habría permitido que ocurrieran ciertas
cosas y no habría dejado pasar otras.
Y eso obviamente no ha
tenido ningún efecto positivo en mí. He de confesar que un poco me
asusta y aún estoy intentando entender como cambiar esa actitud
indolente de mi mente mediante la práctica, puesto que ya no hay manera
de que pueda volver a correr como antes.
Reconozco que
seguramente es un proceso de reflexión muy personal que tiene que
ahondar hasta las capas más interiores del espíritu. Y además, vistas
mis experiencias recientes, no le veo ningún sentido en buscar o
esperarse opiniones más o menos informadas o consejos. Mejor agachar la
cabeza y currárselo solitos.
Comments
Post a Comment