El profesor y la persona: faceta pública y figura privada


Siempre que intento hacer Urdhva Dhanurasana me acuerdo de los ejercicios para la movilidad de los hombros que me dio mi primera profesora de Ashtanga. Sin ellos, no creo que hoy sería capaz de levantarme y vencer la fuerza de gravedad.

Supongo que para ella yo fui todo un reto: entre mis articulaciones y el hecho de que empecé muy tarde le habrá costado mucho sacar algo de mí.

Eso no quita nada al empeño que he puesto en mi práctica, pero hay que darle al César lo que es del César. Y a pesar de que los ocasionales contactos con la persona en sí hayan tenido un efecto negativo sobre mí, no puedo no reconocer el aporte de la profesora.

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