Cuerpo, mente y espíritu
No
me gusta considerar al cuerpo como un templo, aunque entienda el
impulso tanto prosaico como místico que puede llevar a hacerlo y no me
parezca en absoluto extraño.
También comprendo el planteamiento bíblico que hay detrás, en el pensamiento occidental.
Sin
embargo yo veo el cuerpo más como una herramienta, un instrumento, el
“brazo armado” de la mente, la cual, esa sí, para mí es un templo. El
templo dedicado al espíritu que, a su vez, alberga en todo el cuerpo.
Total: puntos de vistas y perspectivas diferentes... al culto al cuerpo prefiero el homenaje a la mente.
Probablemente
el hecho está en que no soy capaz de llegar al espíritu a través del
cuerpo y por tanto necesito pasar por el comodín de la mente.
Con
lo cual quiero decir que no es que quiera restarle importancia al
aspecto físico y material del cuerpo, y al respeto que hay que darle al
cuerpo, sino que eso no es mi camino – tiene demasiados baches para mí.
Por
eso, dónde yo encuentro más beneficios en la práctica de Ashtanga es
justamente en el aspecto mental: la comunión entre respiración y mirada
es la parte que me lleva más hacia dentro. Y del aspecto físico lo que
más me cautiva es la repetición, ya que también me lleva hacia dentro.
En
cambio, no me siento tan atraído hacia las partes más exteriorizadas:
las figuras, las formas y las alineaciones – a lo mejor porque no me
sale la vena artística y tampoco tengo mucha propensión o inclinación a
visualizar durante la práctica para no desviarme y distraerme.
Pero, en fin, claro está que sin involucrar el cuerpo la práctica de Ashtanga estaría bien coja 😳😉

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