Leer entre líneas


A veces hablamos sin darnos cuenta de que las palabras pesan - todas ellas. Tienen un peso específico variable y un poder mayor del que solemos atribuirles.

Sobre todo las palabras escritas que no van acompañadas de la expresividad de la cara, la gestualidad del cuerpo y el tono de la voz. Así que al no tener otros parámetros que ayuden a descodificarlas, a la hora de interpretar el mensaje transmitido, su peso relativo es mayor que nunca.

Ese mensaje, de una manera o de otra, va a tener en mayor o menor medida un impacto emotivo sobre el receptor. Si, como suele pasar, la racionalidad sola no nos basta para descifrar el mensaje, las emociones levantadas pueden dar lugar a errores interpretativos.

Es justamente aquí donde cabe suponer que una buena dosis de inteligencia emocional nos pueda ayudar.

Ésta nos permitiría descodificar las palabras y diferenciar entre "voces" auténticas y falsas, y así tener las herramientas necesarias para decidir libremente qué hacer con ellas y sus dueñ@s.

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