Ya no hay medias estaciones 😅😉

 


Reflexionando sobre mi errático y fluctuante compromiso con Sirsasana, se me ha ocurrido que el lema de estos últimos años podría ser: “ya la gente no quiere comprometerse (en nada)”.

Lo escuchas por la calle o de l@s amig@s, lo lees en los artículos de opinión, aparece en los blogs y podcasts publicados en internet y también en los posts en las redes sociales.

Creo que hay que matizar o, más bien, especificar.

En primer lugar, no me queda bien claro quién pertenecería a ese colectivo (“la gente”), que por un lado es muy integrador/universal y por otro parece que siempre nos excluye justo a nosotros mismos.😉 ¿Y qué: acaso somos los únicos y estrenuos defensores del compromiso? Quizá un mejor ángulo de perspectiva no nos vendría mal.

Luego, ¿de verdad creemos que hubo un pasado reciente o antiguo en el cual el compromiso era algo asumido y dado por descontado? ¿Y que esa “falta” sólo es la tónica de nuestros tiempos? ¿O que tenemos la primacía histórica en cuanto a falta de ganas de comprometerse? A mí personalmente lo del “antes era mejor/éramos diferentes que ahora” me deja un tanto frío. 🤷‍♂️

Y podríamos seguir. Por ejemplo recordándonos que a menudo nos quejamos de algo en el cual nos vemos reflejados - aun cuando nos gustaría apartar la mirada.

Pero, aparte de eso, creo que el hecho de comprometerse en algo – trabajo, relación, actividad, obligación, responsabilidad, etc. – depende mucho de lo que encuentras al otro extremo de la ecuación. El compromiso es una balanza de dos brazos con un equilibrio generalmente inestable ya que nadie se mantiene coherente del primer al último aliento de su vida.

Así que a veces antes de hablar del compromiso de los demás deberíamos hacernos un buen examen de conciencia… y por supuesto hablo por mí y me incluyo (con Sirsasana y todo).

Comments

Popular posts from this blog

Low and high trusting expectations