Saber hacer y saber enseñar


En la mili conmigo había un chico de Turín que jugaba al tenis como dios: todo el mundo se quedaba mirándolo boquiabierto. De hecho, luego tuvo una buena carrera profesional. Sin embargo, a la hora de enseñar a nosotros pobres mortales era un desastre y no era capaz de transmitirnos las bases de ese don que tenía.

Efectivamente se trata de dos aspectos muy diferentes del "saber", y requieren habilidades bien distintas. Hasta tal punto que, si eres bueno en tu rol de maestro, en muchos casos puedes enseñar algo incluso si tú mismo no lo puedes hacer. Al conocer profundamente los principios que están detrás, puedes trasladar ese conocimiento a tus alumnos y hacer que ellos sí consigan hacer ese algo.

Y lograr que los demás dominen lo que tú conoces pero no puedes hacer, quizá sea el colofón del papel de cada maestro.

En el yoga pasa lo mismo. A lo mejor puedes realizar unas posturas muy complicadas o acrobáticas, pero no necesariamente serás capaz de enseñarlas a los demás.

En cambio, puede pasar que algunas posturas a ti no te entren (quizá tu cuerpo no te permita hacerlas), pero eso no quiere decir que no sepas enseñarlas a tus alumnos más dotados.

Pero, qué es lo que hace a un buen maestro? ¿Qué tiene que tener?

Bueno, de la empatía y el compromiso ya hablé detenidamente en anteriores posts. Además necesita una buena disposición frente a las situaciones y a las personas, sin duda entusiasmo en lo que hace y, obviamente, mucha competencia. Pero también debe tener predisposición a seguir aprendiendo, ser paciente pero riguroso, respetuoso, humilde pero exigente, observador, y debe saber ganarse el respeto de sus alumnos.

O sea que se trata de "saber", pero no tanto, o por lo menos no solo, de saber hacer cuanto de saber ser y estar.

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