Scripta manent


Siempre me ha gustado escribir - quizá por el hecho de que lo que se escribe perdura en el tiempo y se extiende a lo largo del espacio de nuestra vida.

Y probablemente también porque sé que soy mejor persona cuando me leo que cuando me escucho.

Sobre papel todo fluye con más claridad y lucidez. Lo que quiero decir encuentra lo que he de decir (lo que a alguien puede que no le guste leer), y ambos se funden sin compromisos gracias a la ironía.

Sin embargo, a menudo el problema está justo en la ironía. A algunos les cuesta entenderla y efectivamente es una figura retórica difícil de manejar. Requiere un equilibrio complicado a quien la quiera utilizar. Y las personas normalmente pillan solo el primer nivel de la comunicación y se pierden el significado real recóndito - tanto los que escriben (!?) como los que leen.

La ironía requiere un lenguaje sobrio y serio; no puede ser grosero, vulgar, burdo, obvio o desplayado, si no pierde su gracia y sobre todo su función.

La ironía para funcionar requiere de autoironía. Ser irónico requiere saber ser autocrítico para no caer en el sarcasmo, que solo es amargura.

La ironía exige una buena predisposición a ponerse en juego, en discusión. La ironía no admite soberbia, y necesita humildad para ser eficaz y efectiva.

La ironía también es mucho más que eso, pero yo sólo sé por cierto que sin ironía no sabría ni hablar ni escribir.

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